Gracias por las pruebas que me hicieron crecer

Dios, hoy no quiero pedir nada. Solo quiero agradecer.
Durante mucho tiempo pensé que las dificultades eran castigos, que los momentos duros significaban que tú me habías abandonado. Pero hoy veo mi historia con otros ojos: esas pruebas me hicieron más fuerte, más consciente, más humano.


Gracias por las puertas que se cerraron. Aunque dolieron, entendí que no eran para mí. Gracias por las personas que se alejaron. Hoy sé que algunas etapas solo funcionan con ciertos acompañantes.


Gracias por las lágrimas que me enseñaron más que cualquier victoria. Gracias por los silencios que me obligaron a escucharme a mí mismo. Gracias por los cambios inesperados que rompieron mis planes, pero construyeron un camino mejor.
No siempre supe reconocer tu presencia en medio del dolor, pero ahora entiendo que nunca me dejaste solo. Estabas ahí, incluso cuando yo me quejaba, incluso cuando no entendía nada.


Gracias por darme la oportunidad de crecer. Por enseñarme paciencia, humildad y fortaleza. Por recordarme que incluso en los momentos más oscuros existe un propósito.
Hoy puedo mirar atrás sin rencor. Lo que antes parecía injusto ahora tiene sentido.
Gracias por guiarme, por moldearme y por creer en mí incluso más de lo que yo creo.