Hice una promesa que no supe cumplir, y sé que eso te causó dolor. Te pedí confianza, te aseguré que estaría contigo, que no te fallaría. Y aunque mis intenciones eran sinceras, mis acciones no estuvieron a la altura de mis palabras.
Quisiera volver a ese momento en el que te miré a los ojos y te dije que podías contar conmigo. No para repetirlo, sino para decirlo solo si estaba preparado para cumplirlo. En ese entonces no entendía el peso de una promesa. Ahora sí.
Sé que te decepcioné. Sé que mi falta de compromiso te hizo sentir que no eras importante. Pero no fue eso. El problema no eras tú, era mi incapacidad de ser constante, de mantenerme firme, de asumir una responsabilidad emocional.
Te pido perdón porque sé que merecías honestidad y coherencia. Merezcas a alguien que cumpla lo que dice, no alguien que habla desde el impulso.
He pensado muchas veces en ese momento. En cómo podría haber sido diferente. En cómo una verdad a tiempo habría evitado muchas heridas.
Hoy ya no espero que me perdones para volver a tu vida. Solo quiero que tengas claridad. Lamento haberte fallado. Lamento haber roto algo que para ti era importante.
Ojalá encuentres personas que honren cada palabra que te digan. Yo sigo aprendiendo a ser una persona que no promete lo que no puede sostener.
