Dios, te escribo porque estoy en un punto de mi vida en el que siento que necesito dirección. Hay decisiones que debo tomar y no sé cómo avanzar. Trato de hacer lo correcto, pero tengo miedo de equivocarme.
Quiero pedirte claridad. Ayúdame a ver más allá de mis dudas, a entender las señales que me pones enfrente, a distinguir entre lo que quiero y lo que realmente necesito.
Te entrego mis planes, mis expectativas, mis deseos. Si algo no es para mí, muéstramelo. Si algo sí debe llegar, abre mis ojos y ayúdame a recibirlo sin miedo.
A veces siento que estoy caminando a oscuras. Tomo un paso y dudo, tomo otro y vuelvo a cuestionarme. Hoy necesito tu luz. Necesito tu guía. Necesito sentir que no estoy tomando decisiones a ciegas.
También te pido fuerza para aceptar tus respuestas, incluso cuando no coincidan con las mías. Sé que tus caminos son más sabios que mis intenciones.
Gracias por escuchar esta carta. Gracias por estar siempre presente. Confío en que me llevarás al lugar correcto, al momento correcto y con las personas correctas.
Solo te pido que no me dejes caminar solo.
