Dios, hoy te escribo con el corazón abierto. No quiero esconder mis fallas ni disfrazar mis temores. Sé que tú lo ves todo, incluso aquello que trato de ocultar.
Quiero pedirte perdón por mis dudas. Sé que muchas veces cuestiono tus planes, me impaciento, me enojo, y siento que estás lejos. No es falta de fe; es miedo. Miedo a fallar, a perder, a que las cosas no salgan como espero. Y en ese miedo, me alejo.
También quiero pedirte perdón por mis palabras impulsivas, por mis decisiones equivocadas, por los momentos en los que elegí caminos que me llevaron a más dolor. A veces olvido que no tengo que cargar con todo solo.
Hoy vengo a ti porque necesito paz. Necesito que me ayudes a recordar que tu amor no cambia aunque yo cambie, que tu paciencia no se agota aunque yo me complique la vida, y que siempre puedo volver, sin importar lo lejos que haya ido.
Ayúdame a confiar en que tus tiempos son perfectos. Acepto que muchas veces no entiendo lo que estás haciendo, pero quiero aprender a descansar en ti sin cuestionarte todo.
Te entrego mis miedos, mis inseguridades, mis culpas. Límpiame de aquello que me pesa. Enséñame a perdonarme y a seguir adelante con la certeza de que tú estás guiando mi camino.
Gracias por escucharme. Gracias por esperar. Gracias por amarme incluso en mis peores momentos. Solo te pido que me ayudes a ser mejor cada día.
