Hola Dios,
Tú me conoces. Sabes quién soy, lo bueno y lo malo que he hecho. Conoces mis errores, mis intenciones, y las veces en que la pereza, la avaricia o la desesperanza me han guiado. Aun así, dentro de todo, encontré algo que he anhelado por mucho tiempo y que no había podido encontrar antes.
Sé que muchas veces he buscado en los lugares equivocados, o he tomado decisiones que no eran las correctas. Pero a veces siento que no hay muchas opciones. Este año, Tú sabes cuánto me he sentido perdida. Tengo metas, y trabajo por ellas, pero a pesar de eso, me siento estancada. Como si mi vida estuviera en pausa. Tú sabes el porqué.
Solo te pido eso que por tanto tiempo he deseado: una nueva oportunidad. Una vida nueva, lejos de aquí. Ese sueño que llevo en el corazón desde que era niña. Tú sabes que no le tengo miedo al trabajo, porque sé que todo esfuerzo trae su recompensa. Pero necesito una señal, una respuesta clara. Dime si esas puertas están abiertas para mí. Y si no lo están, ábreme otra. Muéstrame el camino.
Solo quiero ser feliz. Quiero sentir paz, sentirme amada, acompañada, respaldada. Hace tiempo que no hablo contigo de esto, y nunca te lo he pedido con estas palabras, pero estoy cansada. Cansada de sostener algo que ya no me sostiene a mí.
Si me preguntaras hoy si quiero irme, te diría que sí. Porque bien sabes que nada me ata a esta tierra. Siempre he sentido ese llamado a irme, ya sea de este país o de este plano. Tal vez suene malagradecido, porque sé que tengo muchas cosas que otros desearían. Quizás no en la medida que quiero, pero sí en la medida que necesito.
Aun así… no soy feliz. No me siento bien. Quiero empezar de nuevo. Quisiera desaparecer sin despedidas. Solo pido una oportunidad. Una nueva vida. Un lugar donde pueda volver a respirar en paz.
