El amor que nunca confesé

Siempre pensé que el amor era algo que se decía sin miedo, pero con el tiempo descubrí que no siempre es tan sencillo. Llevo años sintiendo algo profundo por una persona cercana. No es una historia intensa ni una pasión imposible de ignorar.

Es algo más silencioso, más constante, una presencia que se siente en cada conversación, en cada mirada accidental y en cada momento en el que imagino cómo sería compartir la vida con ella.
Lo complicado es que nunca se lo he dicho.

No porque no quiera, sino porque tengo miedo. Miedo de perder su amistad, miedo de que me vea como alguien que cruzó una línea que ella nunca quiso cruzar. Hay días en los que pienso que tal vez ella también lo siente, pero después vuelvo a dudar.
A veces me pregunto qué habría pasado si hubiera tenido el valor de confesarlo cuando todo era más simple. Hoy, en silencio, sigo guardando este secreto.

Nadie sabe cuánto me pesa. Y aunque trato de seguir adelante, la verdad es que cada vez que la veo, siento que la posibilidad sigue viva. No sé si algún día tendré el valor de decirlo o si, por el contrario, este sentimiento quedará guardado para siempre como un amor que nunca existió fuera de mi corazón.