Perdón por no escucharte cuando más lo necesitabas

Cuando miro atrás, me doy cuenta de que muchas veces estabas tratando de decirme algo importante y yo no supe escucharte. Estabas pidiendo atención, comprensión, apoyo, y yo estaba demasiado metido en mis propias preocupaciones para verlo. Hoy quiero pedirte perdón porque sé que te sentiste sola, incluso estando a mi lado.


Recuerdo momentos en los que tus palabras eran suaves señales de que necesitabas ayuda, afecto o simplemente alguien que te mirara a los ojos y te dijera “estoy aquí”. Pero yo estaba distraído, cansado, o simplemente desconectado. No hay excusas. Ahora veo que tu silencio posterior era un grito que yo debería haber escuchado.


Entiendo que escuchar no es solo oír. Escuchar es estar presente, es dejar de lado el ego, es reconocer que la otra persona también carga con sus propias batallas. Yo fallé en eso. Y aunque no puedo volver al pasado, sí puedo asumir mi responsabilidad.
Sé que mis ausencias emocionales dejaron heridas profundas. Y aunque nunca quise lastimarte, lo hice. Por eso hoy te pido perdón, desde la humildad y con la esperanza de que algún día puedas recordar lo bueno sin que lo malo pese tanto.


Sé que creciste mucho después de aquello. Yo también. Y aunque ya no somos parte del mismo camino, te agradezco lo que me enseñaste.
Perdón por no haber sido el apoyo que necesitabas. Perdón por no haber estado a la altura. Perdón por no escucharte cuando más importaba.