Dios, hoy te escribo porque estoy cansado. No cansado físicamente, sino cansado del alma. A veces siento que llevo luchas que no sé cómo ganar, que las responsabilidades se me escapan de las manos y que mis fuerzas no alcanzan.
Sé que no soy el único en pasar por momentos así, pero también sé que tú eres el único con quien puedo hablar sin miedo, sin máscaras, sin sentir vergüenza.
Te necesito. Necesito tu apoyo, tu claridad, tu consuelo. Hay situaciones que me superan y no sé cómo manejarlas. Me esfuerzo por ser fuerte, pero la verdad es que hay días en los que simplemente no puedo más.
No te escribo para que soluciones todo por mí, sino para que me des el valor de seguir. Dame sabiduría para tomar decisiones correctas y serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar.
Sé que a veces me desconecto, que me enfoco más en mis problemas que en escuchar tu voz. Hoy quiero volver a ti con humildad, con la certeza de que no tengo que cargar con todo solo. Entregar mis preocupaciones no es rendirme, es confiar en alguien más grande que cualquier dificultad.
Gracias por ser mi refugio en medio del caos. Gracias por tu paciencia infinita. Te pido que ilumines mi camino y me recuerdes que esta etapa también pasará.
Si tú estás conmigo, puedo seguir adelante.
